Un actor se enfrenta consigo mismo y a su técnica cada vez que sube a un escenario o se coloca ante una cámara. Ha pasado largas jornadas entrenándose, practicando y ensayando, se ha aprendido un texto y una coreografía, ha coordinado su interpretación con los demás elementos plásticos que componen la puesta en escena y ahora lo va a repetir ante un público o un objetivo como si fuera la primera vez. “Como si”….esta es la clave del engaño y, por lo tanto del arte del actor: la imitación. “Imitar” según el diccionario de la R.A.E. es: ‹‹Ejecutar una cosa a ejemplo o semejanza de otra››. El comediante es un imitador, un reproductor de conductas y emociones que anteriormente ha aprendido y memorizado. La técnica interpretativa consiste en adquirir y perfeccionar esta destreza, y la técnica, el “método” por excelencia, es el desarrollado por el actor y director Kontantin Stanislawski, o mejor dicho la reelaboración que en Estados Unidos, y más en concreto Lee Strasberg, hicieron de una parte de la obra del maestro ruso. Stanislawski en sus primeros escritos propone como recursos actorales básicamente la memoria emotiva, para la búsqueda del estado de ánimo y la capacidad de sentir, alo que posteriormente añadirá, con el fin de encontrar lo que él llama “la verdad profunda”, la vivencia y la identificación con el personaje.            

Pero ¿que es la memoria emotiva? En palabras de Stanislawski, en su obra El trabajo del actor sobre sí mismo, es: ‹‹…esa memoria, que (…) ayuda [al actor] a repetir todas las sensaciones conocidas, vividas anteriormente (…). Así como su memoria visual hace revivir ante su mirada interior un objeto olvidado hace mucho tiempo, un lugar o una persona, la memoria emotiva puede hacer revivir emociones ya experimentadas. Parecería que se hubiese borrado del todo, pero de repente alguna sugestión, una idea o una figura conocida hacen que lo dominen las emociones… ››. La memoria emotiva es por tanto una herramienta de trabajo que puede ayudar a componer un personaje, pero dentro de una determinada estética, la realista/naturalista, en la que la empatía entre la realidad y la ficción es fundamental. Su empleo durante los ensayos, en esa etapa en el que el actor intenta encontrar cómo interpretar a su personaje  y qué emociones debe transmitir al espectador, puede ser oportuno e incluso interesante. Pero luego tendrá que reproducir, mediante otra utilización de la memoria, el aspecto exterior de la misma, deberá memorizarlo, y sobre él trabajará en el escenario y en plató, pues vivenciar constantemente, “sentir” en cada representación o en cada toma lo que supuestamente siente el personaje, puede hacer fracasar cualquier interpretación.
Comunicar es el objetivo del actor y por tanto debe renunciar a todo lo que pueda  entorpecerlo. De nada sirve sentir si eso permanece en la intimidad y no traspasa la frontera del propio cuerpo. Pero es ahí, en el cuerpo, donde radica otra memoria, una memoria corporal, que puede ayudar a lanzar el mensaje hacia el público.

Lo corporal es un signo no lingüístico pero de igual valor informativo que el estrato verbal como indica el semiólogo Tadeusz Kowzan en el libro El signo y el teatro: ‹‹El juego mimético y gestual –estrechar un objeto imaginario contra el corazón- define con más seguridad el objeto expresado, y conduce al espectador hacia un referente más preciso, con una colaboración afectiva››.
             
El trabajo del actor es en primer lugar aprender un texto, la palabra es fundamental, pero también debe memorizar unos movimientos que concretan un dibujo escénico significativo y una partitura de emociones que cohesionarán verbo y movimiento, para luego transmitir todo aquello según la estética y la estilística elegida desde la puesta en escena. Asé, la memoria en el intérprete tiene dos niveles, uno en abstracto que es el recuerdo en sí mismo- bien de vivencias, bien por observación, bien por deducción –que utiliza el actor, y otro que es la realización física concreta- la voz, la composición corporal y la relación física con los otros actores-, que repetirá en cada función y en cada toma.